Fragmentos de la Biografía de Steve Jobs por Walter Isaacson.
Cada día, después del trabajo, Wozniak se iba a casa para disfrutar de una cena precocinada que calentaba en el horno, y después regresaba a Hewlett-Packard para su segundo trabajo con el ordenador. Extendía las piezas por su cubículo, decidía donde debían ir colocadas y las soldaba a la placa base. A continuación comenzó a escribir el software que debía conseguir que el microprocesador mostrara imágenes en la pantalla. Como no podía permitirse un ordenador para codificarlo, escribió todo el código a mano. Tras un par de meses, estaba listo para ponerlo a prueba. "¡Pulsé unas pocas teclas del teclado y quedé impresionado! Las teclas iban apareciendo en la pantalla". Era el domingo 29 de junio de 1975, un hito en la historia de los computadores personales. "Aquella era la primera vez en la historia - declaró Wozniak posteriormente - en que alguien pulsaba una letra de un teclado y la veía aparecer justo enfrente, en su pantalla".
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Steve Jobs no compartía la idea de que las creaciones de Wozniak - ya fuera una caja azul o un ordenador - deberían ser gratuitas. Le convenció para que dejara de regalar copias de sus esquemas. Jobs sostenía que, en cualquier caso, la mayoría de la gente no tenía tiempo para construir los diseños por su cuenta. "¿Por qué no construimos placas base ya montadas y se las vendemos?". Un ejemplo más de su simbiosis "Cada vez que diseñaba algo grande, Steve encontraba la forma de que ganáramos dinero con ello", afirmó Wozniak. Él mismo admite que nunca habría pensado por su cuenta algo así. "Nunca se me pasó por la cabeza vender computadores - recordó -. Era Steve el que proponía que los mostrásemos y que vendiéramos unos cuantos".
Jobs trazó un plan consistente en encargarle a un tipo de Atari al que conocía la impresión de cincuenta placas base. Aquello costaría unos 1.000 dolares, mas los honorarios del diseñador. Podían venderlos por 40 dolares la unidad y sacar unos beneficios de aproximadamente 700 dolares. Wozniak dudaba que pudieran vender aquello. "No veía cómo íbamos a recuperar nuestra inversión", comentó. Por ese entonces tenía problemas con su casero porque le habían devuelto unos cheques, y ahora tenía que pagar el alquiler en efectivo.
Jobs sabía cómo convencer a Wozniak. No utilizó el argumento de que aquello implicaba un ganancia segura, sino que apeló a una divertida aventura. "Incluso si perdemos el dinero, tendremos una empresa propia - expuso Jobs mientras conducían en su furgoneta Volkswagen -. Por una vez en nuestra vida, tendremos una empresa". Aquello le resultaba muy atractivo a Wozniak, incluso más que la perspectiva de enriquecerse. Como él mismo relata: "Me emocionaba pensar en nosotros en esos términos, en el hecho de ser el mejor amigo del otro y formar una empresa. ¡Vaya! Me convenció al instante. ¿Cómo iba a negarme?".
Para recaudar el dinero que necesitaban, Wozniak puso a la venta su calculadora HP 65 por 500 dolares, aunque el comprador acabó regateando hasta la mitad de aquel precio. Jobs, por su parte, vendió la furgoneta Volskwagen por 1.500 dolares. Su padre le había advertido que no la comprara, y Jobs tuvo que admitir que tenía razón. Resultó ser un vehículo decepcionante. De hecho, la persona que lo adquirió fue a buscarlo dos semanas más tarde, asegurando que el motor se había averiado. Jobs accedió a pagar la mitad del coste de reparación. A pesar de estos pequeños contratiempos, y tras añadir sus propios y magros ahorros, ahora contaba con cerca de 1.300 dolares de capital constante y sonante, el diseño de un producto y un plan. Iban a crear su propia empresa de computadores.
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12:58
Jsam

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